Un poco de historia: los primeros informes sobre fraude para aseguradoras

Un poco de historia: los primeros informes sobre fraude para aseguradoras 516 242 Oscar Rosa

El fraude está muy vinculado a la búsqueda de información, para prevenirlo o demostrar que es intencionado. Recabar información del asegurado de manera previa con datos actualizados y trabajar con detectives privados para disponer de dicha información adicional a la que se puede obtener por fuentes abiertas, resulta esencial. Los detectives privados han demostrado en numerosas investigaciones que pueden ser eficaces a la hora de conocer la realidad de la empresa siniestrada. El detective desmenuza y reconstruye lo ocurrido, intuye, busca algo que no encaje, investiga y demuestra que el fraude, en caso en de serlo, es intencionado.

El Señor Williams hablaba a la Asociación de Aseguradoras, el fraude había subido un 10% en el último año debido a la crisis y había supuesto 1,5 millones en pérdidas… Era el año 1920

En el periodo histórico en el que me encuentro investigando sobre el origen de los informes de solvencia y detectives privados entre 1875 y 1925, las necesidades de información no eran tan distintas a las de hora. La posibilidad de impago o fraude era algo frecuente entre empresas y particulares, solían tener un historial anterior delator, por sucesos parecidos, empresas que no existían o con deudas acumuladas e intencionadas y sin ninguna voluntad de ser pagadas. Proveedores de información comercial y detectives privados eran habituales entre aseguradoras (incendios, de caución, de robo), que los utilizaban de manera preventiva, para conocer si la empresa que solicitaba el seguro existía, su moralidad en los pagos, su instinto para los negocios, si estaba en quiebra… pero era utilizada también cuando el siniestro era presentado por la empresa. En este caso, la información e informe derivado de la investigación tenían un protagonismo especial, ya que demostrar una relación entre el perfil de la empresa y la intención del siniestro, con la finalidad de conseguir un beneficio, podía ahorrar dinero a una compañía aseguradora que, multiplicado por varios siniestros presentados al año, el importe era considerable. AseguradoraLa Providencias como Sociedad de Seguros Mutuos (1875), La Providencia (1880), La Catalana General de Seguros (1881), La Justicia (1881), La Española (1881) o El León (1884) utilizaban “información” externa para analizar sus fraudes.

He hallado un interesante artículo en La Revista ilustrada de banca, ferrocarriles, industria y seguros que con fecha 25 de marzo de 1922, donde se reseñaba que en una conferencia celebrada en Estados Unidos por la Asociación de Aseguradoras, uno de los directivos, Mr. Williams, contó que, tras analizar numerosos casos, había encontrado una relación entre el aumento o disminución del número de siniestros, “según que los negocios anden bien o mal”.

Sobre los fraudes indicó que en 1919 hasta mil informes de peritos sobre siniestros ocurridos, comprobaban y demostraban que fueron voluntarios o por negligencia, lo que supuso para las entidades aseguradoras una pérdida de 1.504.689 dólares. En el año 1920 la cifra aumentaba un 10 %. Relacionaban el aumento de siniestros en el segundo semestre de 1919 coincidiendo con una crisis industrial, dándose el curioso caso de que en un solo día del mes de noviembre se recibieran en las oficinas de los actuarios hasta 6.000 informes. Mr. Williams propuso a las entidades aseguradoras perjudicadas que antes de hacer efectivo ningún siniestro estudiasen los informes comerciales y la situación financiera de las empresas siniestradas, con el objeto de averiguar en cada caso si el asegurado respectivo se hallaba o no en condiciones de hacer frente a sus negocios.

Mr. Williams propuso a las entidades aseguradoras perjudicadas que antes de hacer efectivo ningún siniestro estudiasen los informes comerciales y la situación financiera de las empresas siniestradas

No se equivocaba al transmitirles la importancia de la información sobre la empresa que ha presentado el siniestro, ocurría con frecuencia que el propósito intencionado del siniestro era debido a una mala situación de la empresa y la necesidad de ingresar dinero de una manera rápida.

4 comentarios
  • Sandra

    Muy buen artículo, desde luego que el fraude es algo más común de lo que pensamos y el fraude a determinadas aseguradoras más todavía. La labor de un investigador privado para esclarecer este tipo de fraudes se hace, en ocasiones, indispensable. Un saludo y estupendo espacio!

  • Omnia Veritas

    Es curioso como la tecnología cambia las herramientas pero no la naturaleza humana. Ha habido, hay y habrá siempre gente dispuesta a lo que sea para ganar dinero sin trabajar, aunque eso les lleve trabajo.

    Sobre la «plaga» de fraudes actual tienen buena parte de culpa las aseguradoras mismas, que por no coger «mala fama» suelen preferir los desestimientos a meterse en embrollos penales.

    Un saludo.

    PD: Por cierto, muy interesante vuestro blog.

    • Oscar Rosa

      Muchas gracias por vuestro comentario. Me alegra muchísimo que os guste el blog, es una motivación extra para seguir escribiendo. ¿El fraude forma parte de nuestro ADN? Quizás, aquí sería bueno el refrán “hecha la ley, hecha la trampa”…

      Sobre la lucha por parte de las aseguradoras, sí que tengo que deciros que veo un grandísimo interés en todo el sector porque los malos no se salgan con la suya 😉

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